Por primera vez desde que fue detectado el problema, el agujero de la capa de ozono ha comenzado a dar señales de ir cerrándose, según señalan los técnicos atmosféricos de todo el mundo.

 

Foto: Wikimedia Commons.

Cuando la anomalía fue descubierta en la década de los años 80, el agujero en la capa de ozono se convirtió en una de las mayores amenazas ambientales y en uno de los más conocidos símbolos de la capacidad del ser humano para provocar daños al medio ambiente. La pérdida de esta capa de la atmósfera está relacionada con el aumento de casos de cáncer de piel, ya que el ozono, una delgadísima capa de apenas unos milímetros de espesor, actúa como filtro fundamental y exitoso de los dañinos rayos ultravioleta del Sol.

 

El causante

El principal causante del agujero que se ubica sobre la Antártida era el cloro procedente de unas moléculas llamadas clorofluorocarbonos (CFC) incluidos en los sprays, en los sistemas de refrigeración que utlizaban el gas Freón y en algunos productos de limpieza hogareña. Por ese motivo, en 1987 muchos países del mundo firmaron un protocolo para eliminar simultáneamente el uso de CFC con el único objetivo de recuperar la capa de ozono. Hoy, casi 30 años después, aquel esfuerzo ha dado sus frutos.

La capa de ozono se está recuperando y el enorme agujero sobre la Antártida se ha reducido más de 4 millones de kilómetros cuadrados desde el año 2000, según una investigación publicada en la revista Science. Sin embargo, habrá que esperar algunos años más para que el agujero que hemos provocado en nuestra contra se cierre en prácticamente su totalidad, señala la investigadora del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Susan Solomon, quien precisamente descubrió en 1986 la relación entre la presencia de cloro, la incidencia de luz y la baja temperatura de la atmósfera como factores clave de la desaparición del ozono estratosférico. “La ciencia ayudó a mostrar el camino, los países y la industria estuvieron increíblemente dispuestos a acabar con estas moléculas y ahora estamos comprobando con nuestros propios ojos que el planeta comienza a recuperarse. Es algo maravilloso”, dice Solomon.