En una clase de treinta niños, por lo menos dos tienen altas habilidades, o sea que se destacan en una o varias áreas. Potenciar o reprimir esa capacidad está en manos de la familia y del sistema educativo, con instituciones que no siempre saben identificarlos.

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Si bien no hay investigaciones realizadas en el país, se estima que en Uruguay existen unas 300 mil personas superdotadas. De ellas, 70 mil son niños, de los cuales un diez por ciento no sabe que tiene ese rasgo distintivo. Tal ignorancia puede convertirlo, en el futuro, en un adolescente repetidor, o en un adulto frustrado. La psicopedagoga y master en Altas Habilidades por la Universidad de Connecticut Karen Bendelman, es especialista en el tema y se prepara para lanzar en octubre un libro informativo titulado Altas habilidades/ Superdotación: ¿Qué, quién, cómo? en coautoría con Susana Graciela Pérez Barrera. Bendelman es además docente de la Universidad de Montevideo, consultora en instituciones privadas, y tutora de tres cursos dirigidos a docentes en el Ministerio de Educación y Cultura.
–¿Cómo se define la superdotación? –Hablamos de personas con altas habilidades/superdotación, que se manifiestan o tienen el potencial para manifestarse. Esto quiere decir que algunos no tienen la posibilidad de llevarlo a la práctica. Hay tres características fundamentales en una persona que revela su potencial en una o más áreas: elevado desarrollo, compromiso, y creatividad. Esto se da en comparación con una persona de su misma edad, independientemente del nivel socio económico o cultural. Es importante aclarar que pueden existir altas habilidades/superdotación, con una dificultad específica del aprendizaje, una discapacidad, o un trastorno del espectro autista en simultáneo.

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–¿En las altas habilidades/superdotación, hay niveles? –No lo llamaría niveles, porque todos se manifiestan de diferente manera. Cuando estamos ante un niño disléxico o autista, más o menos el tratamiento o la intervención va por el mismo lado. En cambio en los chicos con altas habilidades podemos observar características pero no un perfil único. Es verdad que algunos pueden tener una alta habilidad más profunda, y es fácil de verlo en las matemáticas por ejemplo, si participa en olimpiadas o cosas así.
–¿Cómo puede identificarlo un padre o un maestro? –Por lo general son los padres los que empiezan a detectar estas primeras características, quizás porque ven un desarrollo en su segundo hijo que no veían en el primero, o porque alguien de afuera se los hace notar. Estos niños tienen un avance más acelerado que el resto; empiezan a caminar, a hablar, a adquirir la capacidad de lectoescritura antes de tiempo, desarrollan el lenguaje de forma precoz, y tienen una memoria muy destacada. Pero que sea precoz no quiere decir que vaya a tener una alta habilidad en el futuro. La característica fundamental es que son autodidactas. Hay que saber hasta qué punto los padres han sobre estimulado a ese niño, que ha respondido bien, y hasta dónde, si el padre le quita el estímulo, el chico sigue por sí solo.
–¿Desde qué edad podemos ver esa característica de autodidacta? –Desde los tres años, más o menos. Cuando son tan chiquitos yo siempre trato de observar y esperar un poco. La realidad es que en educación inicial el chico no sufre, porque está estructurada de una manera didáctica y abierta, se le dan muchas libertades. Está bueno identificar tempranamente a ese niño, pero no sobre identificar.
–¿Puede empezar a sufrir después? –Depende de cómo se manifiesta el niño. Algunos terminan encajando en el sistema porque son bastante obedientes, pero la gran mayoría está constantemente exigiendo desafíos, otro tipo de propuestas, y como son autodidactas no aceptan que les impongan las cosas, o que les hagan hacer ejercicios repetitivos. Eso es una tortura para ellos. Y ahí es donde hay que intervenir, ver en qué se destaca el chico, ver qué puede hacer el maestro para potenciarlo.
–¿Qué habilidades que nos asombren puede aprender por su cuenta un niño de tres años? –Hay niños que desde esa edad agarran la tablet, y de repente, sin darnos cuenta, aprenden a leer. Y uno no sabe cómo lo hicieron, porque nadie les enseñó. La tecnología está tan inmersa en la vida de las personas que las posibilidades son inmensas. Además son niños que tienen curiosidad, preguntan todo el tiempo, se cuestionan cosas que aquellos que siguen un desarrollo acorde a su edad no se plantean.
–¿Cuánto afecta la estimulación de padres o maestros? –Sabemos que una habilidad que no se potencia, se pierde, pero siempre les decimos a los padres que no los sobre estimulen. Hay que darles de acuerdo a lo que piden, para que sea el niño quien maneje su propio ritmo. La idea es que el chico vaya dirigiendo su curiosidad.
–¿Es recomendable que esos niños hagan terapia? –No necesariamente. Sí está bueno identificarlos, porque armar un perfil los va a ayudar. Pero no es para nada necesario que hagan terapia. Lo recomendable es trabajar en equipo, con el niño, la escuela, y la familia. El padre tiene que saber qué hacer, cómo respaldar a su hijo, el docente debe saber qué darle y qué no, y el niño, entender dónde está parado.
–¿Cómo afecta su autoestima saberse superdotado? –Lo mejor es hablarlo, porque ellos se dan cuenta de que son distintos ya que sus intereses van por otro lado. Eso hace que, algunas veces, sus relaciones sociales sean más restringidas, y otras, que hasta sean líderes de grupo. Pero depende mucho del niño, y de cómo la familia lleve el tema.

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–¿Se siguen haciendo tests específicos?
–Hay una visión tradicional que se basa únicamente en un test de habilidad cognitiva y de cociente intelectual. Pero de esta manera se están focalizando solo en la lógica y la matemática, y dejan de lado las áreas que la institución educativa no estimula y que son igualmente importantes; la emocional, la deportiva, la artística. Si el chico es un Messi o un Suárez, y se le aplica un test de cociente intelectual, de repente no les da alto, pero eso no quiere decir que no tengan altas habilidades. Hay que tomarlo con pinzas, son herramientas pero no son determinantes.
–Las personas destacadas como ellos, que sabemos que tienen por lo menos una alta habilidad en un área, ¿son necesariamente superdotadas? –No. Yo creo que Suárez lo es, pero no creo que todos los que están jugando al fútbol lo sean. Hacen falta también las características de las que hablábamos antes, que nosotros llamamos tres anillos; la habilidad, el compromiso, y la creatividad. Muchas veces son personas que tienen disgusto con la rutina, son aventureras, quieren tomar riesgos, tienen originalidad de pensamiento, fluidez, flexibilidad de ideas. Así que hay que ver si es aplicado, o si realmente tiene altas habilidades.
–Muchas veces creemos que los niños superdotados serán adultos exitosos. ¿Cuánto hay de cierto en esto? ¿Qué necesita el niño para llegar a destacarse? –Eso es variable, de ahí que sea tan importante el trabajo con la familia y la institución. El docente capacitado puede hacer mucho para que ese niño se desarrolle y tenga una vida lo más normal posible. Si está contento en la clase porque se siente atendido, no creo que tenga grandes problemas, y puede llegar a ser exitoso. El tema es cuando se deja pasar, y cuando se transforma en un adulto frustrado porque no se lo detectó ni atendió.
–¿Cuánto influye la genética? –Es estimulación y genética. –En tEDx Durazno usted dijo que nuestra educación es de talla única. ¿En qué perjudica a los chicos con altas capacidades? –Eso afecta a todos los chicos por igual, ya que la educación piensa una sola manera de dar y hacer las cosas, y todos sabemos que nuestras habilidades son distintas, y que tenemos estilos diferentes de aprendizaje. Y es por eso que le doy tanta importancia a la formación del maestro en el área, para que pueda detectar y entender al niño, saber por dónde van sus intereses y necesidades, direccionarlo y atenderlo en el aula. Una de las estrategias que utilizamos es el enriquecimiento, que puede ser intracurricular o extra curricular.
–¿De qué se trata? –Se trata de darle al niño la posibilidad de estudiar un tema que le interese, utilizando distintos recursos. Esto es para que no se aburra, para que no le repitan cosas que ya sabe. Este trabajo surge en conjunto con los padres, y aunque las instituciones apoyan y están abiertas, no surge de ellas. Hay mucho por hacer.
–¿A cuántos niños no se les descubren nunca sus altas habilidades? –Con base en las estadísticas de otros países hablamos del 7 al 10% de la población con altas habilidades, debido a la poca información y formación que existe en el área. Uruguay tendría aproximadamente 300 mil personas con altas habilidades, de las cuales cerca de 70 mil son estudiantes de educación básica (primaria y media), distribuidos en todas las clases sociales en la misma proporción. Hay que pensar que muchos de los chicos que desertan probablemente las tengan, pero como no son atendidos se desmotivan, se aburren, y bajan los brazos, así como los repetidores. Sin dudas también está la fuga de cerebros; uruguayos que encuentran en el exterior todo para desarrollarse a nivel profesional. Y hay estudios interesantes en las cárceles, con personas que han volcado esas habilidades de forma negativa.
–Los niños autistas o disléxicos, y que además son superdotados, ¿tienden a potenciar las altas habilidades? –Cuando tienen una doble excepcionalidad muchas veces lo que sale a la luz es la dificultad, ya sea el trastorno del espectro autista, la discapacidad, o la dificultad de aprendizaje. En estos casos la superdotación es más difícil de identificar porque queda enmascarada.
–¿A los padres les preocupa que su hijo tenga capacidades diferentes? –Si. Al principio se preocupan, y se preguntan, ¿y ahora qué hago? Lo mismo que pasa con las dificultades de aprendizaje. Por eso está bueno identificarlos tempranamente, y hacer un trabajo conjunto. Para esto se necesita capacitar a más docentes.