“Perdí parte de mi vida, hay años enteros de los que no me acuerdo”, dice Juan, un ex alcohólico que logró reponerse tras 20 años de consumo sin pausa. Los que lo logran, como él, se preguntan por qué nadie les avisó que aquel era un pasaje de ida sin vuelta segura. Ahora el gobierno se propone concretar esa advertencia.

CAROLINA PAGUAS17 oct 2015

Una más!”, se escucha desde la barra de un bar. “Una más…”, le advierte un hijo a su madre que acaba de llegar a la casa, borracha. “Una más”, informa un paramédico a su equipo, luego de intentar rescatar a las víctimas en un accidente de tránsito.

El alcohol provoca euforia, desinhibe e invita a un mundo de fantasía mejor que la realidad. “¿Cómo nadie me avisó que el pasaje era solo de ida?”, se preguntan después. Eso solo si llegan a encontrar la voluntad suficiente como para anteponerse a la adicción.

Para no llegar a esa instancia es que desde la comisión multisectorial sobre el consumo problemático de alcohol, creada por iniciativa del presidente Tabaré Vázquez, se trabaja en establecer una política de Estado que promueva el consumo responsable de bebidas alcohólicas. Cuando este es abusivo y recurrente se crea un síndrome de dependencia considerado desde 1957 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como enfermedad. Depresión, ansiedad, pérdida de memoria, enfermedades físicas, deterioro personal, problemas con el entorno y a veces la muerte son algunos de los problemas que aparecen en la letra chica.

El primer paso se dio el jueves pasado con el lanzamiento de una campaña. La jornada comenzó con la lectura de un “compromiso” del gobierno de asumir la promoción de un consumo responsable. Participaron Vázquez y el vicepresidente Raúl Sendic, comunicadores y escolares. “Estamos preocupados por los riesgos y daños que tienen algunos usos y costumbres en el consumo de bebidas alcohólicas”, se reconoció en la proclama.

“No es una política prohibicionista ni estigmatizante”, aclaró el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, tras destacar que con esta iniciativa se busca educar sobre el consumo problemático. La senadora nacionalista e integrante de la comisión multisectorial, Verónica Alonso, explicó que el énfasis está en la educación porque, junto con la prevención, es “desde donde podemos cambiar determinadas conductas y hábitos”.

La campaña comenzará con la entrega de folletería en escuelas y liceos, y la realización de actividades de difusión y concientización. La edad promedio en la que se empieza a tomar alcohol es, según una encuesta reciente entre estudiantes, a los 12 años. A su vez, se incorporarán contenidos referidos al consumo responsable y la prevención en las currículas de Primaria y Secundaria. Las autoridades educativas, dentro de su autonomía, quedaron comprometidas a elaborarlos. También se ha manejado la posibilidad de incluir el material en las ceibalitas y de desarrollar aplicaciones para que desde lo lúdico se ayude a generar conciencia.

Uruguay es el octavo país de América Latina en consumo de alcohol per cápita, con una ingesta de 7,6 litros de alcohol puro por persona y por año, según la OMS. No todo consumo siempre es problemático, hay personas que toman solo de forma esporádica y en cantidades razonables. Tampoco es siempre dependiente, porque otras incluso pueden presentar intoxicación en una noche o en reiteradas ocasiones y no ser consideradas alcohólicas. “Es el típico caso de la adolescencia”, dice Gabriel Rossi, médico psiquiatra pediátrico y funcionario de la Secretaría Nacional de Drogas. Se habla de un consumo de riesgo porque se ponen en peligro a sí mismos y a los demás, pero no es considerado una adicción ya que no tienen la necesidad imperiosa de tomar alcohol para encarar sus vidas.

Rossi remarcó que no se trata de una cruzada anti alcohol: “Lo que queremos es hacer una regulación de su mercado y un trabajo preventivo en algunos colectivos”. El énfasis está puesto en el consumo en niños, niñas y adolescentes, adultos, embarazadas, y en el tránsito. Cada uno de estos colectivos requiere de un abordaje diferente y en eso se está trabajando.

Alonso considera que hay un debe del Estado, y en particular de las políticas de drogas en Uruguay, respecto a las respuestas para la rehabilitación: “Son ineficientes e insuficientes los resultados. Creo que hay que poner más énfasis presupuestal en los recursos para la rehabilitación. Por ejemplo, que parte del dinero que se vuelca en otras cosas que quizá no son tan prioritarias, como mantener el subsidio a la cerveza, se destine a esto”.

Desde Alcohólicos Anónimos definen a la dependencia alcohólica como una “compulsión física, aparejada a una obsesión mental por la bebida”. Juan empezó a tomar de niño. Aunque a los 57 años de edad, y con 27 de abstinencia, puede decir orgulloso que ya no forma parte de las 260.000 personas que, según el Observatorio Uruguayo de Drogas, tienen problemas con el alcohol en la actualidad, Juan considera que alcohólico se es toda la vida porque la enfermedad va más allá de la ingesta: tiene incidencias físicas, psíquicas y emocionales que perduran.

¿Qué hice?

“Yo no quise ser borracho cuando era niño ni después. Perdí parte de mi vida, hay años enteros de los que no me acuerdo”, cuenta Juan. Tenía nueve años cuando todo empezó. Por miedo al abandono recurrió al alcohol como refugio. A los 14 años se empezó a marginar de la sociedad, andaba armado y se juntaba con personas que bebían como él.

Se le ocurrían miles de ideas con la droga en la sangre pero no podía concretar ninguna. “Una vez me pasó que tenía una cita y no encontré a la persona. No salí del mostrador del bar. Esas cosas solo un loco las puede hacer. Y no es que ya tenía 40 o 50 años: a los 20 ya es bastante el poder que el alcohol tiene sobre vos. Es jodido, al otro día te despertás y decís: ¿Qué hice?”, reflexiona Juan.

Nada de esto frena la carrera del alcohólico, que no concibe que no pueda tomar nada de alcohol. Con probar una copa más se puede caer de nuevo. Él pensaba que era capaz de tomar y hacer lo que fuera y que al día siguiente iba a solucionar sus problemas. La realidad es que, aunque en su mente siempre había un plan perfecto producto del efecto manipulador de la droga, al otro día tenía los problemas de antes más los de la noche anterior. Llegó a una instancia en la que se despreocupaba por vestirse, bañarse, y del cuidado personal en general.

Al alcoholista le cuesta mucho reconocer que tiene un problema de consumo. Pablo Fielitz, director de la Unidad de Trastornos Relacionados con el Alcohol (Unitra) del Hospital de Clínicas, plantea que hay una etapa precontemplativa en la que el paciente no reconoce estar y niega tener un problema, a pesar de que el entorno lo trate de confrontar.

Y el otro aspecto es que una vez que la persona entra en fase de dependencia y va perdiendo cosas, la preocupación principal pasa a ser el beber y cómo conseguir el dinero o la forma de garantizar el consumo de ese día. De no hacerlo comienza a instalar a lo largo de la jornada lo que se llaman síntomas de abstinencia severos y molestos. Esto provoca alteraciones en la forma de pensar, les cuesta mucho planificar acciones, frenar conductas, evaluar los riesgos y emitir respuestas adecuadas a la situación. La memoria también se ve afectada; todo el lóbulo frontal del cerebro sufre alteraciones.

Ya no se busca el placer que es, en general, lo que en un principio los hace adictos. Muchos de los pacientes de Fielitz mezclan, por ejemplo, alcohol rectificado con agua o jugos con tal de tomar. Lo que está detrás de esto es que se quiere evitar ese displacer de los síntomas de abstinencia, lo cual es, según el médico, una regla para todas las adicciones.

Juan llegó a cometer varios delitos. Una vez planificó el robo de una casa con otras dos personas, un hombre con antecedentes y una mujer con la que éste salía. “Yo termino relacionándome con la mujer después de que cometemos el robo. Y el hombre me encontró. Me podría haber matado. Cuando estás en carrera, esas cosas las seguís cometiendo sin pensar que te salvaste de una por casualidad. El alcohol te cambia la cabeza aunque no lo estés consumiendo en ese momento, y después que dejás de tomar te das cuenta de que esa no es la clase de persona que querés ser”, explica.

La cerveza es la bebida alcohólica predilecta de los uruguayos. En 2014 se consumieron 99 millones de litros según una investigación de la consultora internacional Euromonitor. Juan tomaba entre 10 y 12 cervezas por día. El segundo puesto lo ocupa el vino, con 73,3 millones, y el tercero el whisky, con 5,6 millones. Él también consumía estas bebidas pero con menos frecuencia.

El momento en el que se asustó de verdad ocurrió seis meses antes de dejar de consumir de forma definitiva. Desde un viernes a las tres de la tarde hasta el domingo a las 12 de la noche estuvo tomando sin parar. Se despertó con un montón de plata en el bolsillo que antes no tenía. Nunca supo cómo apareció, si la había robado o no, ni dónde o con quién había estado todo ese tiempo. “Despertarse así es desesperante, hay momentos en los que no querés despertarte más. Son lagunas mentales”, confiesa.

A los 31 años, Juan decidió por voluntad propia ir a un grupo de Alcohólicos Anónimos (AA) que funcionaba en su barrio acompañado por su hermano. En esta comunidad siempre preguntan al individuo cuánto tiempo lleva en abstinencia. Él venía ya con una semana sin alcohol y desde que ingresó en el grupo no volvió a tomar nunca más. “Para poder empezar a cambiar tu vida tenés que dejar de tomar y eso tiene que ser el primer día. Si no, no hay cambio”, comentó.

Carlos Acosta, funcionario de AA, afirma que lo que sienten, piensan y viven las personas con problemas graves con el alcohol no puede ser comprendido de la misma forma por alguien que no haya compartido una experiencia similar. Por eso es tan importante en su recuperación el diálogo entre pares que se da en los grupos de AA, la Fundación Manantiales o la Unitra, entre otros.

Las bebidas más consumidas en Uruguay son la cerveza, el vino y el whisky.
Foto: N. Pereyra

Acto de rebeldía

Luego de consumir alcohol, marihuana y cocaína, Martina también encontró su espacio en la terapia de grupos. Mientras se sienta junto a Juan esperando por la entrevista, ambos conversan acerca de la importancia de la plena identificación con el otro.

Su historia con el alcohol empezó cuando tenía 14 años, entre el afán de divertirse y una herencia familiar alcohólica. De todas formas, reflexiona que la razón por la que empezó a tomar fue para despojarse de sus miedos, de sus vergüenzas. Se soltaba y era una persona diferente, más extrovertida. En ese momento no lo consideraba un gran problema. Era como un escape, algo del ser joven. El alcohol en su caso fue, además, la puerta de entrada para otras drogas. En ese tiempo era un acto de rebeldía, las amistades no le duraban y le iba mal en los estudios. Llegó a abandonar el liceo.

En la casa de Martina estaban preocupados por ella porque de repente desaparecía por días, pero una confrontación con su madre derivó en que se sintiera perseguida. “Es claro que las emociones están enfermas desde el comienzo. Yo, para refugiarme tanto en el alcohol, tenía un montón de conflictos emocionales, y el tomar me daba un camino más seguro, pero en verdad es todo una ilusión. Uno cree que va por el mejor lugar pero todo el mundo se da cuenta de que vos estás en copas o consumiendo alguna droga aparte”, dice.

No podía creer lo que estaba viviendo. Su madre era su sombra. Martina se tomó un montón de pastillas y terminó en una sala de urgencias porque, sin la intención real de eliminar su vida, casi lo hace. Con 17 años permaneció 21 días internada en un psiquiátrico. Ni bien salió comenzó a tomar de nuevo. En ese momento no sentía el deseo de parar.

A los 21 años tuvo un hijo y logró la abstinencia durante todo el embarazo. Este es un pilar fundamental en la política sanitaria que busca llevar adelante el gobierno, ya que, como explica Fielitz, hay “distintas alteraciones que se producen en la criatura en formación que están relacionadas con la conducta de beber alcohol de la madre”. Al año se separó de su pareja por los problemas con el alcohol. Nunca paró. Tuvo problemas en los trabajos y tampoco lo hizo.

El mayor dolor de Martina llegó cuando su hijo cumplió 12 años y decidió irse a vivir con su padre. La decisión fue de él porque el comportamiento de su madre le causaba mucha vergüenza y dolor. Le dijo: “Mamá, vos no te podés cuidar a vos, ¿cómo me vas a cuidar a mí?”. La salida que encontró fue de nuevo el alcohol: “Ese lugar de inmensa tristeza me pareció cómodo y perfecto para seguir tomando”, dice.

Se mudó intentando mejorar pero no pudo. Su hijo iba a visitarla los fines de semana pero ella seguía tomando. En sus últimos años de dependencia con el alcohol el consumo era diario y se sentía como un alma en pena.

Hasta que un día la psicóloga de su hijo la mandó a ir a otra psicóloga y así empezó con terapia. Era hora de tomarse el problema en serio, así que el siguiente paso fue acudir a AA y encontrar ayuda. Hoy, con 37 años, hace más de dos que se encuentra en abstinencia. “La mejor decisión fue dejar de tomar. Ahora mi hijo está viviendo conmigo de nuevo, se rearmó mi vida. La identidad que yo no creía tener —no sabía quién era realmente— la encontré. La abstinencia es brava pero pasa. Yo me siento mucho mejor, primero conmigo y luego con los demás”, celebra Martina, que ahora cambió totalmente su forma de vivir.

Tolerancia cero para todos los conductores.

El proyecto de ley que reduce a cero la tolerancia de alcohol en el tránsito ya fue aprobado en el Senado y está a la espera en Diputados. Ahora, concluida la votación presupuestal, se estima su pronta aprobación con el consenso de todos los partidos políticos. Este es el resultado de un proceso que comenzó en 2007 durante el primer gobierno de Vázquez, en el que se había logrado pasar de 0,8 gramos de alcohol en sangre permitidos a 0,5, con la particularidad de que gradualmente se redujera a 0,3, cifra que estuvo en vigencia desde el 2009 hasta este año. La ley ya establecía la tolerancia cero, pero solo para conductores profesionales. Ahora se incluye a toda la población que, según una encuesta de Factum, encuentra a la ley positiva: nueve de cada 10 uruguayos dijeron estar de acuerdo entre los meses de junio y julio con el proyecto de ley que prohíbe el consumo de alcohol en el tránsito.

La normativa está respaldada en estudios científicos de la OMS en los que se demuestra, según cita la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev), que el consumo de alcohol, incluso en pequeñas cantidades, aumenta el riesgo de sufrir accidentes de tránsito.

Las claves de la nueva campaña.

La campaña que se lanzó el jueves, cuyo lema es “Cuidame, cuidate”, se propone esencialmente desembarcar en el sistema educativo. Se realizarán actividades de difusión y concientización dirigidas a los alumnos, educadores y a las familias de todo el país. En escuelas y liceos se entregarán folletos.

Está especialmente dirigida a tres públicos: los niños, niñas y adolescentes, “por los graves riesgos que implica el consumo a esta edad en el desarrollo de sus capacidades cognitivas”; las embarazadas, “por la evidencia de los graves daños para el feto y su desarrollo posterior”; y los conductores de todo tipo de vehículos, “por el riesgo para su vida, su seguridad y la de los demás”. Para todos ellos, advierte la proclama de la campaña, “el consumo debe ser cero”.

“Las posiciones prohibicionistas y estigmatizantes son ineficaces y violan los derechos de las personas”, plantea la campaña. Se menciona la posibilidad de “reducir los daños” causados por el consumo abusivo, y se enfatiza la necesidad de pedir ayuda, por ejemplo en el Espacio Adolescente del sistema de salud.

Desde este año en adelante, cada 15 de octubre se celebrará el “Día de la Educación en la Prevención del Uso de Bebidas Alcohólicas”.

Estudian prohibir la venta desde 22:00 a 08:00.
La comisión multisectorial que está trabajando sobre el consumo problemático de alcohol tiene bajo análisis otras medidas que posiblemente formen parte de un proyecto de ley. Entre ellas está la intención de extender la prohibición horaria de la venta, que actualmente rige desde las 00:00 hasta las 06:00, para las 22:00 hasta las 08:00 de la mañana —con la excepción de restaurantes, bares y locales similares. Se estudiarán varios aspectos que tienen que ver con la regulación del consumo y el mercado, la ingesta en la vía pública, la limitación de la publicidad, el otorgamiento de licencias para vender y toda la parte económica que podrían significar las sanciones y posibles impuestos.